Sí, la evidencia (OMS, Cochrane) indica que son seguros y no pasan al feto. El uso de probióticos en el embarazo ofrece múltiples beneficios: ayudan a reducir el estreñimiento y la hinchazón regulando el tránsito y previenen infecciones urinarias y vaginales al equilibrar el microbioma. Estudios indican que pueden reducir el riesgo de diabetes gestacional y preeclampsia al mejorar la sensibilidad a la insulina. Además, benefician el sistema inmune del bebé a través de la salud materna y se asocian a una disminución del riesgo de dermatitis atópica o alergias en el bebé, específicamente con el uso de Lactobacillus y Bifidobacterium.