La disbiosis (desequilibrio con menor diversidad o exceso de bacterias proinflamatorias) mejora con un enfoque integral de alimentación, hábitos y suplementos. Se recomienda el uso de probióticos con cepas específicas (como L. plantarum o B. longum) durante 8 a 12 semanas, junto con prebióticos (fibras como inulina o almidón resistente) introducidos lentamente.